viernes, 9 de marzo de 2007

Forma 9 de matar a un ángel.

A María O.
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coge las enormes alas
destellantes
hazla que suplique mientras la desplumas
(tal cual se despluma a una gallina)
dile al oído:
te amo
imbécil ángel
cuando te hartes de las súplicas
métele en la boca cada una de sus plumas
.
toma del cajón la tinta negra
la de bolear zapatos
pinta toda su radiante existencia
que no quede ni un rastro de luz
átala a la pata de la cama con una soga
trae un espejo de regular tamaño
cuando se descubra en su reflejo
llorará
por su actual oscura apariencia
llorará
de tanta tristeza que
sin lugar a dudas
su corazón
quedará como la naranja atropellada
solitaria sobre el ardiente asfalto
entonces
la pobre ángel de la guarda
moribunda compañía
morirá.

viernes, 23 de febrero de 2007

Compóngase cualquier mala mueca; problema de pies

Usted:
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Tenemos tantas venas por dónde recorrer las ciudades mis pies y yo, sin embargo, pareciera que los pies declaran su negativa a hacerlo, a obedecer (valga la insistencia en los pies) al pie de la letra. El mismo cuento es con zapatos, con tenis, patas de gallo, cualquier tipo de calzado, simples calcetines o hasta descalzo. Si por ellos fuera (y así es) todas las rutas a cualquier punto habrían de pasar primero por su mal alumbrada banqueta, seguir un poco hasta dar con el número 160 de la calle que tanto les gusta. Luego de eso, el camino se multiplica en cuantos caminos sean necesarios para llegar al hospital, al banco, la casa de la abuela, incluso al mar.
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Anoche me trajeron a la playa, la revelación sucedió cuando, desnudos los pies, escribieron con el dedo gordo sobre la arena: 160. Todos los caminos llevan a Roma. Luego se quedaron quietos sintiendo la humedad y el bochorno de la noche; olas golpearon la orilla y el dedo volvió a escribir, ahora: Todos los caminos son un solo camino.
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Sin embargo, usted al recibir la presente quede tranquila, ellos seguirán llevándome por donde siempre; mas no piense en cambiar de casa o modificar los números 160 por 106, no, no es necesario. No hay peligro, no hay truco ni imán; los pies me llevan, usted a veces duerme, yo a veces toco el timbre para saludarle, o timbro y corro y me oculto tras de un poste.
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Ya le digo, es sólo una travesura pedestre de mentira, que a la vez es la pura y callosa realidad.
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Con cariño, mis pies y su servidor.